Durante años, las organizaciones tuvieron que lidiar con un ecosistema de estándares de sostenibilidad complejo. El desafío no era solamente entender qué pedía cada uno, sino también evitar producir la misma información varias veces, con metodologías o criterios diferentes.
En este contexto, la creciente articulación entre GRI y GHG Protocol es una señal interesante de hacia dónde está evolucionando el sistema.
Los nuevos GRI 102: Climate Change y GRI 103: Energy, publicados en 2025 y aplicables para reportes desde 2027, fueron desarrollados con participación de GHG Protocol. GRI 102 incorpora requerimientos sobre emisiones de gases de efecto invernadero y toma como referencia el GHG Protocol para su medición, incluyendo la clasificación de emisiones en Scope 1, Scope 2 y Scope 3 y sus categorías de cadena de valor.
Esto no significa que GRI y GHG Protocol se hayan convertido en un único estándar. Sus objetivos siguen siendo diferentes. GHG Protocol se concentra en la contabilidad y el reporte de emisiones, mientras que GRI aborda los impactos de las organizaciones sobre la economía, el ambiente y las personas.
Pero la interoperabilidad entre ambos permite pensar el dato climático de otra manera.
Ya no debería tratarse de calcular una huella de carbono para después “traducirla” tantas veces como estándares o cuestionarios tengamos delante. La tendencia apunta a construir información de base robusta, consistente y trazable, capaz de alimentar diferentes sistemas de reporte y, fundamentalmente, de servir para gestionar.
La dirección es clara: menos silos entre estándares y más interoperabilidad.
Para las organizaciones, esto supone un cambio de enfoque. El desafío no es solamente conocer cada nuevo estándar que aparece. Es construir una arquitectura de información de sostenibilidad que permita responder a diferentes requerimientos sin perder consistencia, trazabilidad ni sentido estratégico.
Y esto es especialmente relevante si miramos lo que está ocurriendo más allá de GRI. GHG Protocol también está avanzando en la armonización de sus estándares con ISO, con el objetivo de reducir la fragmentación metodológica en materia de emisiones.
Esta evolución de GHG Protocol e ISO refuerza esta tendencia. En 2025, ambas organizaciones anunciaron una alianza estratégica para trabajar en la armonización de sus estándares de gases de efecto invernadero. El objetivo es avanzar hacia estándares globales más consistentes y reducir la fragmentación entre el GHG Protocol y la familia ISO 14064. En 2026, este proceso dio un paso más con el anuncio de un trabajo conjunto orientado a desarrollar un estándar corporativo armonizado, que integre los principales requerimientos de ambos sistemas.
Aparece, entonces, la pregunta central: “¿qué estándar tenemos que usar?”
¿Qué información necesita realmente la organización para gestionar sus impactos, tomar decisiones y, a partir de allí, responder adecuadamente a los distintos requerimientos de reporte?
No estamos, entonces, frente a movimientos aislados. El ecosistema de estándares climáticos está avanzando hacia una mayor convergencia, con el desafío de facilitar el uso de información consistente entre distintos marcos sin perder profundidad ni rigor metodológico.
Indudablemente, la interoperabilidad entre estándares puede simplificar el reporting. Pero la verdadera transformación está en dejar de gestionar la sostenibilidad a través de estándares aislados y empezar a construir un sistema integrado de gestión e información.
En OLIMPIA trabajamos desde esa perspectiva: acompañamos a las organizaciones a ordenar su estrategia y gestión de sostenibilidad, identificar brechas, construir indicadores y sistemas de información y prepararse para los nuevos desafíos de reporte, procurando que el ejercicio de “reporting” sea una consecuencia de gestionar y no un proceso paralelo a la gestión.